Contextualizando el Abordaje Terapéutico de la Violencia Sexual: la Atención Psicológica

Contextualizando el Abordaje Terapéutico de la Violencia Sexual: la Atención Psicológica

Adriana Fernández Caamaño.

Libro Blanco de Psicología Contra la Violencia de Género. Colegio de la Psicología de Bizkaia (2024)

RESUMEN

Este artículo pretende informar y reflexionar sobre los conocimientos transmitidos en la ponencia “Contextualizando el abordaje terapéutico de la Violencia Sexual” en las XIV Jornadas Estatales De Psicología Contra La Violencia De Género celebradas en Bilbao.

El estudio de las violencias sexuales dentro de la psicología se ha hecho al margen de la mirada feminista. Esto ha implicado una atención individualista propio del marco de las psicoterapias y la disección de los malestares de las víctimas. 

Incluir una mirada colectiva de la intervención nos permite visibilizar la problemática desde una perspectiva sociopolítica para alejarla de la patologización de las violencias sexuales y evitar la revictimización de las supervivientes.

INTRODUCCIÓN

Resulta fundamental pensar el marco en el que se ubica cada disciplina. Estos marcos nos sostienen sobre pilares de conocimiento, valores y reflexiones comunes para alcanzar la comprensión profunda. Por tanto, las violencias sexuales deben ser comprendidas en un claro marco feminista. Este marco feminista nos aporta la creación de espacios seguros virtuales, físicos y mentales para las personas que pensamos y vivimos las violencias sexuales. 

Si bien las violencias sexuales han sido parte de los estudios psicológicos, sociales, antropológicos o jurídicos de los últimos años, la perspectiva feminista ubica su tratamiento desde una mirada progresista, dejando atrás las justificaciones biologicistas o patologizadoras, y pone en el centro la reparación y el consentimiento, ubicando la culpa donde corresponde: en el agresor.

La metáfora del ojo del alma de Platón nos permite ver siempre con  un ojo hacia dentro y el otro ojo hacia fuera. El ojo para dentro nos interroga sobre: ¿he sido violentada sexualmente? ¿Cómo me ha afectado? ¿qué dolor se mantiene en el tiempo? ¿qué impacto ha tenido en mi vida? O ¿he sido perpetrador de esas violencias sexuales? ¿cómo he podido estar implicado o implicado? ¿He participado en su invisibilización? El ojo para fuera nos interroga sobre: ¿Qué nos pasa socialmente? ¿Cómo puedo ayudar? ¿Cómo se sostienen las violencias en nuestra ciudad? ¿Qué puedo hacer yo? ¿Qué limitaciones nos encontramos en la psicología?

Las dificultades que nos encontramos en la atención psicológica cuando estamos hablando de violencias sexuales tiene que ver con ese carácter individualista que mantienen algunos espacios terapéuticos. La psicología como ciencia se ha desarrollado acomplejada por la medicina, acomplejada por esas grandes ciencias que pueden medirse, y esta es una de las limitaciones que tenemos cuando tratamos las violencias sexuales ¿cómo podemos medir el impacto de las violencias sexuales en la sociedad? Y ¿en los individuos? En ese intento de medir se ha deshumanizado su abordaje terapéutico, imitando disciplinas como la médica o jurídica, diseccionando las diferentes partes del cuerpo humano: una mano, un pecho, una vulva, una vagina. “¿recuerda si estaban los pantalones bajados? ¿recuerda si le apartó o le empujó? ¿recuerda la hora en la que se produjo la agresión? Se contradice usted en las declaraciones”.

Es urgente incorporar la capacidad profesional de mirar a las personas desde la complejidad del ser humano, evitando el reduccionismo.

Otro ejemplo sobre los peligros de la medición de las violencias sexuales ha sido el antiguo protocolo de actuación en caso de violencia sexual en los centros de salud de la Comunidad de Madrid hasta 2022, en el que se citaba que “debe medirse el grado de resistencia de la víctima” cuando esta llegaba para ser atendida después de ser agredida sexualmente. Este ejemplo implica pasar de ser un agente de salud, de trabajar para el paciente, a ser un agente jurídico de medición, encontrándose la víctima con su primera barrera revictimizante ¿seré suficientemente buena víctima? ¿me habré defendido con el grado de resistencia adecuado?

Desde una mirada política, podríamos interrogar en cualquier foro sobre quiénes están de acuerdo con la violencia sexual, y nadie se atrevería a afirmar tal cosa, incluso se muestra una sociedad asustada frente a tan terrible realidad pero sin embargo, 1 de cada 5 mujeres ha sido víctima de algun tipo de violencia sexual en España y tan solo se denuncia el 5% y según la marcroencuesta de percepción social de las violencias sexuales de 2019 el 40% de las personas considera que el alcohol puede ser una de las causas que justifique las agresiones sexuales. Esto muestra una sociedad contraria, ciega y desconectada de la lo que dice y lo que hace.

ANÁLISIS CONTEXTUAL

En 1975, Susan Brownmiller responde en una entrevista que “El descubrimiento por el hombre de que sus genitales podían servirle de arma generadora de miedo, debe figurar como uno de los descubrimientos prehistóricos más importantes, junto con el fuego o el hacha de de piedra. Desde tiempos remotos hasta nuestros días, la violación ha sido un método de intimidación mediante el cual los hombres mantienen a las mujeres con estado continuo de terror”. Brownmiller pone de manifiesto que las violencias sexuales no tienen un origen biologicista, sino que es una articulación más del poder heteropatrialcal. La historia de la humanidad es la historia de las violencias sexuales, el imperio romano se fundó con una agresión sexual, históricamente los pueblos vencedores en las guerras han conquistado los pueblos vencidos violando a las mujeres de los enemigos. Queipo de Llanos, durante la dictadura en España, pregonaba “salid y violad a las mujeres de los republicanos”. El cuerpo de las mujeres cosificado, el cuerpo de las mujeres como la otredad,

Desde entonces las violencias sexuales han dejado de formar parte de las agendas públicas políticas hasta el 2018, en la que se da paso a la cuarta ola del feminismo documentada.

¿Dónde nos encontramos ahora? Destacaría 3 hitos que han cambiado y están cambiando el panorama: el juicio de la manada, el #meetoo o #cuéntalo y el Se Acabó.

El juicio de la manada, como consecuencia del activismo y las manifestaciones masivas de protesta contra la sentencia, puso de nuevo en las agendas públicas la necesidad de revisar el sistema, tanto desde una mirada judicial como desde una mirada social. Ambas habían estado presionando a las víctimas generando una revictimización invisible y perpetrada por el propio sistema. 

Desde la psicología, se conocía que las respuestas frente a una situación de peligro pueden ser varias: la de la defensa (pelea o huida), la de dejarse hacer o la de parálisis (shock). Por tanto, un sistema judicial que diferenciaba la agresión sexual y el abuso sexual diferenciando el primero del segundo, en que el primero tiene que haber violencia y en el segundo no, no reconoce que la violación puede ser un acto ausente de violencia física por el hecho de que la respuesta no haya sido la defensa, omitiendo la posibilidad de respuesta, homogeneizando a los seres humanos y poniendo toda la responsabilidad de la pena en la víctima. Es decir, si una víctima responde defendiéndose, el agresor también responderá de la misma manera, aumentando las posibilidades de signos de violencia necesarios para una pena de agresión sexual, sin embargo, si una víctima se queda paralizada ante el miedo de verse rodeada de varias personas o frente a algún tipo de arma o simplemente porque es una relación de confianza, no será necesaria que existe una lucha y dependerá únicamente del grado de violencia del agresor si existen signos de violencia física. Tan solo el 5% de los delitos de violencia sexual tienen signos físicos de violencia, y el 99% se hacen en espacios de intimidad dónde nadie les observa. Con este panorama, la herramienta judicial se convierte en un laberinto complejo.

Con el #meetoo en todo el mundo o el #cuéntalo en España y Latinoamérica creado por Cristina Fallarás, millones de mujeres pudieron explicar sus testimonios de manera anónima, saliendo de una posición de individualidad y patologización a observar el problema como algo colectivo con un impacto altamente reparador, la potencia de nombrarlo y de no estar sola.

Con el #SeAcabó, vuelven a activarse las movilizaciones y se visibilizan las violencias grises, esas que pasan desapercibidas y se cuelan en nuestra sociedad como algo normalizado, pero que mantienen a las mujeres en una constante situación de tensión y atrapamiento. 

Notas sobre el consentimiento

La asertividad sexual es importante porque culturalmente seguimos sin una educación sexual integral, y si no conocemos qué nos gusta, será más difícil comunicar a las otras personas qué necesitamos o qué nos da placer. Por tanto, es imprescindible para relacionarnos saber qué nos gusta, qué queremos y, muy importante: qué no queremos.

La empatía es la capacidad de ponerse en el lugar de la otra persona con las circunstancias de esa persona, no las propias, y es imprescindible para relacionarnos con las y los demás.

Tener relaciones sexuales no es una necesidad, no las necesitamos para sobrevivir. Sí es una característica del ser humano. Somos seres sexuados, pero nadie se ha muerto por no tener sexo.

El consentimiento sexual es el acuerdo verbal o no verbal para participar en un encuentro sexual entre dos o más personas. Es una manera de establecer acuerdos, pero la clave reside en el deseo, que es el principal rasgo del consentimiento.

Por tanto, para que el consentimiento sea real, cuenta con una serie de características:

Es deseado: impulsado desde el deseo.

Es recíproco: Todas las personas involucradas han de querer.

Es específico: Una persona puede desear involucrarse en una práctica concreta, pero no en otra.

Es reversible: Una persona puede cambiar de idea en cualquier momento.

Está actualizado: Las personas involucradas deben cerciorarse de que el consentimiento sigue vigente y se sigue deseando dicho encuentro.

Es voluntario: No es consentimiento si coarta la libertad de decisión de la otra persona.

Es consensuado: Llegar a acuerdos a través de la comunicación y la escucha es una herramienta que favorece las relaciones basadas en el deseo y el consentimiento.

Sin embargo, vayamos más allá. Cuando pensamos en consentir, una persona propone y la otra, responde. Cuando pensamos en consensuar, ambas partes, todas las partes, hablan, negocian, responden, cuestionan. Estamos hablando de cooperación y negociación y también en la posibilidad de erotizar el consenso.

¿Qué se necesita para el consenso?

Asertividad: para poner límites, para saber decir que no.

Comunicación: para saber expresar aquello que os apetece y lo que no, con lo que os encontráis a gusto y con lo que sentís displacer.

Reconocer emociones: aprender y aceptar respuestas que en ocasiones no son directas, pero que muestran disconformidad (lenguaje no verbal, silencios, actitudes neutrales…).

Aprender a pedir permiso explícitamente antes de iniciar cualquier tipo de conducta.

Tenemos derecho a cambiar de opinión sin sentirnos culpables, cuando y como queramos.

Guía dirigida a jóvenes para la prevención de violencias sexuales como una manifestación de la violencia de género (F. Caamaño, A. y Luján, A.)

Tanto el eros como el tánatos forman parte de nuestras fantasías sexuales (Cristina Garaizabal, Encuentros Feministas, Madrid 2023), sin embargo, la respuesta al placer pasa por el sistema parasimpático y el miedo por el sistema simpático. Esto implica que independientemente de nuestras fantasías, si estamos en una relación sexual de no consentimiento y/o miedo, se pondrá en activo el sistema parasimpático, incompatible con el simpático. Que no nos engañen, cuando estamos en una relación deseada, se pone en activo el sistema parasimpático, y cuando sentimos miedo, el simpático.  Cuando estamos en una situación de peligro físico o emocional, la respuesta del sistema es clara.

No puede haber consentimiento sin deseo. Para poder decidir que sí, tiene que haber la posibilidad de decir que no, tiene que haber un contexto propicio para el no. Si un familiar abusa de mi y necesito a mi familia para sobrevivir, no hay un contexto en el que decir que no, si mi jefe hace una propuesta sexual, mi contexto no es favorable para negarme, si un director de tesis también lo hace, decir que no tendrá consecuencias. 

LA ATENCIÓN PSICOLÓGICA

No hay una víctima perfecta, ni una víctima modelo. La garantía de los centros especializados es tener la certeza de que las profesionales están formadas, especializadas y sensibilizadas en las cuestiones necesarias a las experiencias de violencias sexuales. Pero es importante señalar que en esos centros también tiene que haber espacio para otras quejas, para otros dolores y para otros malestares. No nos podemos ceñir en exclusiva a los aspectos que atañen a las violencias sexuales diseccionando de nuevo a las mujeres. Nuestras agendas están vivas, nosotras estamos vivas, nos pasan otras cosas, está bien que así sea. No es recomendable la derivación de una paciente cuando la demanda cambia de manera temporal. Todas las corrientes de psicología están de acuerdo con la idea de que lo que sana es el vínculo, es importante que las necesidades del sistema de generar espacios especializados con una sobrecarga de trabajo enorme, no estén por encima de las necesidades y cuidado de la salud mental de las víctimas de violencias sexuales.

Desde la perspectiva de la víctima:

¿Qué mecanismos utiliza una víctima de violencia sexual para sobrevivir?

Los mecanismos de las víctimas son recursos que tienen para poder sostenerse en periodos en los que la violencia atraviesa el cuerpo.

Existe la misma diversidad de mecanismos como de personas, pero hay algunos que son básicos, como el olvido, la negación, restar importancia al problema: “es que igual lo malinterpretó”, racionalizarlo y/o justificarlo:  “lo que ocurrió no fue tan malo”.

Cabe destacar la importancia del desdoblamiento-escisión, que es la falta de integración (sensación de que la persona está dividida) o crear una falsa identidad. Es uno de los síntomas de mayor impacto disociativo y despersonalización, sin embargo, es uno de los recursos más potentes que tienen las víctimas de abuso sexual infantil para sobrevivir cuando no hay apoyos ni red de protección.

El control como mecanismo de sostén, también puede manifestarse a través del caos, despistes o ausencias, alerta constante u ocupación constante.

Algunas consecuencias psicológicas de las violencias sexuales que se encuentran en casos de violencias sexuales son:

  • Trastorno de Estrés postraumático (TEPT): reexperimentación, evitación, activación fisiológica
  • Sentimientos de culpa, rabia, asco, vergüenza, miedo, impotencia, vulnerabilidad, tristeza, desánimo: rumiaciones.
  • Ataques de ansiedad y de pánico, riesgo de agorafobia
  • Cambio de sistema de creencias sobre el mundo, los demás y una misma (“el mundo es peligroso”, “ya no puedo confiar en nadie”, “soy vulnerable”)
  • Sensación de irrealidad (shock): “¿Por qué estoy tan tranquila? ¿Por qué no puedo llorar”?
  • Cambios en el funcionamiento diario (rendimiento, bajas laborales

El proceso de curación

Aunque la diversidad de víctimas es enorme, uno de los diagnósticos más frecuentes en víctimas de violencias sexuales es el Trastornos de Estrés Postraumático TEPT (DSM 5). Al nombrar el trauma se pueden diferenciar dos tipos: trauma primario (t) y trauma secundario (T). El trauma primario (t) es aquel que se ha ido colando en nuestras vidas de manera invisible, durante periodos largos de nuestra vida y desarrollando la adaptabilidad de nuestro rasgos de personalidad para la supervivencia, impidiendo la activación de la sintomatología confundiéndose con rasgos de su carácter. Un ejemplo de trauma primario es el de las niñas, niños y niñes que han sufrido abuso sexual en la infancia. El trauma secundario (T), es aquel impacto puntual en la vida de las personas, como una agresión sexual por un desconocido o un accidente de coche. En estos casos nos encontraremos con víctimas con una sintomatología muy activa, desadaptativa pero que cuando el contexto es reparador, hay una alta capacidad de recuperación.

También sabemos que en esta vida atravesamos por constantes duelos, y cuando pasamos por una experiencia traumática desarrollamos un proceso de pérdida necesario para la supervivencia.

En las víctimas de violencias sexuales el posicionamiento frente a las diferentes etapas del duelo permitirá sostener su proceso para comprender la importancia que tiene cada uno:

En la etapa de negación, aparece una posición de desconexión o disociación. En ocasiones el cuerpo y la mente no tiene la capacidad de asumir lo que sucede o el dolor del impacto traumático, por eso para la supervivencia podemos pasar a un estado de desconexión o disociación.

En la etapa de tristeza, aparece una posición de víctima. La importancia de sentirnos víctimas es la idea de poner la culpa fuera, donde corresponde, en el agresor, y permitir que nos cuiden. Ahí también reside la importancia de los cuidados y acompañamiento emocional.

En la etapa de rabia, aparece una posición de superviviente. La rabia moviliza y nos da la capacidad de poner límites.

En la etapa de aceptación, aparece una posición de una persona que ha vivido un hecho traumático.  Esto no significa que vayamos a olvidar lo sucedido, cuando lo recordemos, nos invadirá una sensación de dolor, pero no será un secuestro emocional, tendremos la capacidad de conectar o desconectar dependiendo del contexto y del control emocional.

En El Coraje de Sanar (Bass E. y Davis, L.)  propone que el proceso de curación pasa por diferentes fases que tienen en común algunas de las víctimas, pero estas son fases no lineales, es decir, pueden desarrollarse de forma desordenada e incluso no pasar por algunas de ellas.

  1. La decisión de curar
  2. (La fase de crisis)
  3. (Recordar el abuso)
  4. Creer que sucedió
  5. Romper el silencio
  6. Comprender que una no tuvo la culpa
  7. Confiar en sí misma
  8. Llorar su pérdida
  9. Rabia como piedra angular de curación
  10. Confrontar a la familia
  11. Perdonarse a sí misma
  12. Comunicarse con su niña interior

Desde la perspectiva del acompañamiento terapéutico.

En ocasiones en terapia se buscan herramientas que puedan servir de utilidad para la recuperación del impacto traumático. Dependiendo de la corriente psicológica podrán ser útiles unas u otras. Resultan de especial utilidad aquellas orientadas a la reparación del trauma, pero la manera de procesarlo no dependerá de la técnica, sino de la persona en quien se vuelca la práctica. Aunque hay una variabilidad de teorías y aspectos entre las corrientes, todas coinciden en lo mismo: lo que repara es el vínculo. Por tanto, no solo es importante lo que debemos de hacer, sino lo que es importante evitar.

Resulta fundamental, darle valor a aspectos menos activos que las técnicas de enorme importancia en el acompañamiento profesional. Hay cuatro aspectos que son imprescindibles:

  • Prestar atención a las emociones: la culpa y el asco son emociones propias de cualquier tipo de violencia sexual. La culpa será una de las emociones principales a reparar, una emoción de “primera fila”, y el asco, una de las emociones principales en casos de violencias no conscientes.
  • Detenernos para visibilizar: si una persona nombra, sugiere o suscita dudas sobre haber sufrido abusos, existe la responsabilidad de la pregunta. Dejarlo pasar y no preguntar si existe o ha existido algun tipo de violencia sexual, perpetúa la invisibilidad de la experiencia.
  • Calidez para acompañar: frente a la idea de una psicología de “bata blanca”, distante, propones la imagen de la “psicología tierna”. Una psicología que acoge, que es horizontal y que genera un espacio de seguridad.
  • Reconocimiento para no revictimizar: uno de los primeros pasos de reparación está asociado al reconocimiento de la persona como víctima, decir que lo que ha sucedido no es su culpa, mostrar empatía es enormemente sanador.

Para asegurarnos que estamos creando un espacio de seguridad, existen alguna pautas de actuación que nos ayudarán a generar un lugar propicio para el acompañamiento:

  • No tomar decisiones por ellas.
  • Escuchar y no cuestionar lo que cuenta.
  • Explicarle que ella no es la culpable, sino el agresor.
  • Separar a la víctima del agresor.
  • Facilitar información de la existencia de las profesionales que mejor se adapten a sus necesidades
  • Evitar actitudes paternalistas.
  • Permitir que exprese sus emociones.
  • Comunicación empática, con calidez y cordialidad.
  • No forzarla a entrar en detalles. No solicitar un relato de los hechos.
  • Explicar para qué necesitas la información.
  • Evitar comentarios personales, valorativos o interpretativos.
  • Favorecer que pregunte lo necesario sobre nuestra intervención. 

También es importante valorar qué sucede en los espacios de acompañamiento terapéutico en lo que se encuentran limitaciones y dificultades para la detección de las violencias. Algunas situaciones encontradas hasta el momento son:

  • Falta de formación en violencia sexual.
  • Sobrecarga de trabajo que implica una falta de tiempo
  • Dificultad en la coordinación
  • No ver resultados a corto plazo
  • No ser capaz de identificar situaciones de violencias sexuales

Frente a las limitaciones, podemos señalar un decálogo de buenas prácticas a poner en marchas en los centros especializados:

1.Perspectiva feminista e interseccional

2.Atención y escucha activa

3.Empatía y respeto frente al ritmo

4.Cuidar el lenguaje y el feedback

5.Promover grupos de apoyo

6.Supervisión 

Propuesta para una evaluación.

Por último, de manera práctica, hay una serie de preguntas que pueden servir a la terapeuta para evaluar las necesidades de las personas y conocer los objetivos terapéuticos. 

De manera sencilla, en consulta o por escrito, se pretende reflexionar sobre la escucha y el autocuidado a través de:

Escuchando:

Mi cuerpo…

A mí misma…

Mi vida cotidiana…

Para sentirme bien…

BIBLIOGRAFÍA.

  • Bass, E. y Davis, L. (1995). El coraje de sanar: Guía para las mujeres supervivientes de abuso sexual en la infancia. Ediciones Urano: Barcelona.
  • Caamaño A. y Luján, A. (2023). Instituto de La Mujer de Castilla La Mancha. Guía dirigida a jóvenes para la prevención de violencias sexuales como una manifestación de la violencia de género.  
  • Durrant, M. y White, C. (1993). Terapia del abuso sexual. Gedisa: Barcelona.
  • Gobierno de España, Delegación del Gobierno para la Violencia de Género. (s.f.). Recuperado de http://www.violenciagenero.igualdad.gob.es/instituciones/delegacionGobierno/home.htm
  • Instituto de La mujer, Guía para el Desarrollo Personal, Madrid, 2011.
  • Van der Kolk, B. (2020). El cuerpo lleva la cuenta: Cerebro, mente y cuerpo en la superación del trauma. Eleftheria.
  • Velázquez, S. (2013). Violencias cotidianas, violencias de género. Paidós: Argentina.
  • Wiener, G. (2018). El Diario. El Sexo de las Supervivientes. Recuperado de: https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/sexo-supervivientes_129_2143915.html

 

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