Descubrí que tenía un suelo pélvico con el posparto (testimonio)

El embarazo fue una época de mucho conocimiento de mi cuerpo, pero no de todo. Como suele suceder una muchas veces depende de las profesionales que nos acompañan, algo así como toca toca la suerte es loca y como también suele suceder una no cuida partes del cuerpo hasta que nos empiezan a hablar. Durante el embarazo no me informaron o no escuché la importancia de cuidar el suelo pélvico.

Tuve un embarazo y un parto muy bueno y siempre fui una persona muy sana. Había leído mucho para llegar informada y de la mejor manera posible. Quise parir en un hospital que promueva el parto respetado y así fue como escuché hablar del Torrejón de Ardoz. Me puse de parto de manera espontánea y mi hijo nació de manera vaginal pesando 4020 kg.

Al irme del hospital no me dieron indicaciones concretas respecto de cómo cuidarme. Estaba claro que el foco era el bebé. Así como llegué al parto bastante informada llegué al posparto muy poco informada y sin muchos referentes.

El posparto y la falta de información

La ginecóloga durante el alta me sugirió rehabilitación de suelo pélvico, pero no tenía mucha información de la importancia ni de donde ir. Fui 2 veces a una fisio particular que me dio unos ejercicios de respiración para hacer en casa, pero no conecté mucho con la propuesta, y así como llegué me fui.

Desde mi entender yo estaba bien y toda mi atención, tiempo y energía estaban puestos en el bebé.

El diagnóstico que cambió todo

Habiendo pasado más de 1 año, en una revisión con mi ginecólogo de Argentina, me nombra por primera vez las palabras “cistocele grado 1: leve prolapso de la vejiga.”

Al llegar a Madrid y a partir de la recomendación de una amiga llego al Zentro Empatía. ¡Como cambia la película cuando una está bien acompañada! Así fue como la conocí a Tania y me mostró con mucho respeto y paciencia como funciona el suelo pélvico y que era lo que me estaba ocurriendo.

En mi caso me explicó que los factores que pudieron haber influenciado era que soy hiperlaxa, tener un historial de estreñimiento, que el bebé haya pesado más de 4 kilos y haber vivido en un 2do piso sin ascensor ese primer año de vida debido al exceso de peso y fuerza que hice subiendo y bajando al bebé y el carrito a diario.

Nunca había tenido síntomas de ningún tipo, lo único que sentía diferente era menor tonicidad, pero entendía que el cuerpo te cambiaba.

El proceso de cuidado y aprendizaje

A partir de ahí empecé a hacer hipopresivos 1 vez a la semana. A lo largo de este año y medio que llevo de tratamiento solamente tuve un episodio donde noté que se me descendía parte de la vejiga y fue sumamente angustiante.

Durante este tiempo fui aprendiendo a conocer y cuidar mejor mi cuerpo y a medir que fuerzas puedo o no hacer. También tuve una racha de obsesionarme con el tema y de estar muy pendiente de mis sensaciones.

Tania una vez me dijo una frase que me acompaño mucho en ese tiempo que decía algo así como “vale más tu vida que el prolapso” y ahí fui entendiendo que esto sería un camino de ida, algo que tendría que contemplar y cuidar con la calma no desde la obsesión y esperando que se resuelva cuanto antes, que era como estaba.

Una mirada simbólica y un cambio de ritmo

A nivel simbólico me llevó a pensar en el exceso de peso que a veces siento que cargo. El tener que ser más consciente de mi cuerpo y de mis movimientos me llevó a pensar antes de actuar, a medirme, a priorizarme, a pedir, a descansar, a bajar un ritmo y a la vez a ejercitar mi cuerpo por mucho que me cueste.

Con el tiempo logré hacer un cambio de mirada y hoy por lo hoy lo veo como algo con lo que tendré que convivir con y como toda convivencia, cuanto más la cuide mejor estaré.

Testimonio de Clara Poggi, paciente y alumna de hipopresivos de Tania. 

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