El cuerpo en la psicoterapia

En el mundo de la psicoterapia, el enfoque en el cuerpo está ganando cada vez más reconocimiento como una herramienta valiosa para explorar y abordar los desafíos emocionales y psicológicos.

Tradicionalmente, la terapia se ha centrado en el diálogo verbal como medio principal de comunicación entre el cliente y el terapeuta. Sin embargo, el cuerpo también tiene mucho que decir, y su inclusión en el proceso terapéutico puede llevar a una comprensión más profunda y una mayor curación.

¿Por qué es importante considerar el cuerpo en la psicoterapia?

El cuerpo es un recipiente de nuestras experiencias y emociones. Al igual que la mente, el cuerpo tiene su propio lenguaje, expresándose a través de sensaciones físicas, tensiones musculares, expresiones faciales y posturas corporales. Ignorar estas señales puede limitar nuestra comprensión de lo que está sucediendo en un nivel más profundo.

Al incluir el cuerpo en la psicoterapia, ampliamos el alcance de la exploración emocional. Las sensaciones físicas pueden servir como puertas de entrada a emociones subyacentes que pueden ser difíciles de identificar a través del pensamiento consciente.

El Focusing como forma de abordaje cuerpo-mente

Cada vez más terapias destacan la importancia de integrar el cuerpo, las emociones y los significados verbales en el proceso terapéutico.

Uno de estos enfoques es el Focusing, una técnica desarrollada por el psicólogo Eugene Gendlin en la década de 1960.

El Focusing se centra en la idea de que el cuerpo posee una sabiduría interna que puede guiar el proceso terapéutico y facilitar la resolución de problemas y conflictos emocionales.

Se basa en la premisa de que el cuerpo almacena información que no siempre es accesible a través del pensamiento racional, y que prestar atención a estas sensaciones puede conducir a una mayor comprensión de uno mismo y a lo que llamamos el “llevar adelante” de la experiencia, a lo que tu cuerpo te invita o lo que tu organismo necesita.

¿En qué consiste el Focusing? Guía breve

En primer lugar, la respiración va a ser lo que nos ayude a entrar en contacto con nuestro espacio interior. Tomar una respiración profunda hasta el abdomen, y vaciando todo por la boca en una larga exhalación, ayudará a nuestro sistema sistema nervioso, en el circuito vagal ventral, a actualizarse o a aumentar, llevándonos a un estado de reposo y calma.

Puedes volver después de unas tres respiraciones profundas, normalizar tu respiración y atendar a las sensaciones físicas de tu cuerpo.

Puedes hacer un escáner desde tus pies a tu cabeza, simplemente notando y sintiendo cada parte, si hay tensiones o cualquier sensación que aparezca.

La idea, es que la mirada que lleves a tu interior sea como la de un niñe, sin juicio, con curiosidad, con paciencia y amabilidad.

Si tu mente está corriendo, acelerada o tiene muchas preocupaciones, entonces puedes imaginar que tienes un estante vacío frente a ti, e imaginar que colocas todos esos pensamientos, preocupaciones, etc. en él. Los colocas uno por uno, despejando tu interior, sabiendo que puedes recogerlos más tarde si es necesario. Respiras ese espacio despejado.

Tratas nuevamente de dirigir tu atención a tu cuerpo y a lo que está sucediendo allí ahora mismo y puedes hacerte las siguientes preguntas:

  • ¿Cómo estoy en estos momentos?
  • ¿Qué me impide estar totalmente bien ahora mismo?
  • ¿Dónde siento la sensación de todo este asunto que me preocupa ahora?

Dejas que tu cuerpo responda en lugar de la cabeza. ¿Qué sensaciones corporales notas? ¿Dónde siente la sensación global de todo eso? ¿En qué parte del cuerpo aparece?

Sea lo que sea que surja, trata de atender las sensaciones corporales que hay allí. Pruebas entonces a decirle a ese “algo” que aparece en tu interior: “Hola, te veo. Se que estás ahí”.

Luego trata de describirte a ti mismx tus sensaciones corporales con más detalle, las cualidades de ese “algo”:

  • ¿Cómo sería la sensación si fuera un objeto?
  • ¿Qué forma tiene?
  • ¿Es duro, blando, pequeño, grande?
  • ¿De qué color es?
  • ¿Hay algún movimiento?
  • ¿Hay energía allí?
  • ¿Tiene temperatura?

Prueba después a ponerle una etiqueta o lo que llamamos “asidero”. Puede ser una palabra, una emoción, una frase, una imagen, un sonido… Una vez que encuentres algunas palabras o símbolos para describir la sensación, comprueba las palabras diciéndotelas a ti mismx: «Es como si ….» y luego comprueba en tu cuerpo si puedes obtener una pequeña señal de si encaja o no. Si encaja, la sensación podría aumentar ligeramente, o de otras maneras, haciéndole saber que encaja bien. Si no encaja completamente, o puedes encontrar otra imagen o palabra que encaje mejor, entonces intenta usar esa. «Es como…», y luego escucha a tu cuerpo. Si la sensación física cambia, está bien, entonces trata de encontrar palabras que se ajusten a la nueva sensación.

Pasamos a hacerle preguntas a ese “algo-justo-ahí”. Haz preguntas con una actitud abierta, amistosa y curiosa y recibe lo que te dice la sensación. A veces se obtienen respuestas claras, otras veces es más confuso o incluso silencioso.

Simplemente sé paciente y permanece en cada paso el tiempo que necesites. Trata de no responder demasiado rápido con tus pensamientos, sino más bien deja que tu cuerpo encuentre la respuesta. Quizás puedas intentar percibir:

  • El tema principal de esto
  • Lo más importante de este sentimiento
  • ¿Qué pasa? (Piensa en la emoción como un niño tímido sentado en una silla. Necesita un estímulo cuidadoso para hablar. Imagínate que te acercas al niño, te sientas y le             preguntas con cuidado: «¿Qué pasa?» Espera y deja que tu cuerpo responda).
  • ¿Qué es lo peor de este sentimiento?» Dale tiempo.
  • ¿Qué hace que este sentimiento sea tan duro?
  • ¿Que es lo tan (adjetivo) de todo esto?
  • ¿Hay algo que esta sensación necesite de mí?
  • Quizás puedas intentar percibir qué necesita ese “algo”…

Es importante mantener las críticas o le juicio fuera de este ejercicio, quizás poniéndolas a un lado, y confiando en que venga lo que venga está bien. Quizás sea muy doloroso y necesites alejarte, como verlo de lejos. Quizás no se despliegue nada con claridad y puedo sostener ese “aún no acabo de entender, pero te acompaño”.

Todo este proceso trata de intentar percibir sensación y el despligue de significados, acercándonos con sutileza al cuerpo. Al finalizar, es bueno agradecer al cuerpo que nos haya hablado o mostrado alguna sensación, aunque sea pequeña. Puedes guardar dentro de ti lo que hayas encontrado, como un tesoro valioso, en un lugar al que puedas regresar más tarde, cuando necesites.

¿Te animas a probarlo?

– Sonsoles Blanco Pimentel –

Psicóloga General Sanitaria

Colegiada nº M 32232

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