En las consultas de ginecología la violencia de género, institucional, estética, médica, sexual están presentes, siempre. Es muy duro. pero es así.
Si sois sensibles al tema tal vez mejor os protejáis y no leáis o lo hagáis acompañadas y/o acompañados.
Muchas pacientes me cuentan experiencias en que les han hecho daño al colocar un especulum. Una me cuenta que cuando era adolescente un ginecólogo le ha dicho: “tu tienes que quejarte menos y f….. más”. Otra hace 2 días: “cuando le meten otras cosas en la vagina no te quejas tanto..”
Quiero creer que sean excepciones… que las personas, las sanitarias y los sanitarios nunca dirían esto. Lamentablemente muchas pacientes buscan una ginecóloga feminista y respetuosa para sanar heridas: muchas no son heterosexuales, han vivido constantemente la incomodidad de la heteronormatividad en las consultas ginecológicas. Otras entienden que la cultura cambia poco a poco y que no todxs lxs medicxs piensan de una manera diversa, y se molestan pero no viven un daño grave. Están acostumbradas, diría yo.
Muchas mujeres no vuelven a consulta de ginecología después de un comentario sobre como tienen la vulva, los labios, un comentario sobre la estética de sus genitales. Otras tienen recurrido feminista y buscan a alguien que nunca podría hacerle una observación así. Las ginecólogas del centro joven de Callao y de Salud Madrid o Pilar Martinez Ten, recién jubilada de Delta , han sido ese lugar seguro para muchas mujeres, personas no binarias y hombres y mujeres trans. En Zentro Empatía Gaia Zocchi e yo, vemos a muchas personas remitidas por otras y que buscan en redes e internet una consulta ginecológica donde no se ejerza violencia, aunque sin intención, una consulta feminista, libre de violencias machistas.
Me pregunto ¿Cómo podemos crear lugares seguros para las adolescentes?
¿Cómo podemos educar a los y las médicas y matronas sobre como evitar hacer daño a las pacientes? ¿Cómo lo consiguieron en los paritorios las matronas y algunos/as ginecólogos/as haciendo simplemente lo que decía la OMS sobre violencia obstétrica?
Tal vez lo más importante suele ser explicar lo que vamos a realizar. Pedir permiso, consentimiento real. Escuchando, utilizando más delicadeza, remitiendo a fisioterapia de suelo pélvico antes de realizar una citología o ecografía transvaginal a aquellas mujeres que tienen contracturas vaginales o que nada mas tumbarse en la camilla se tensan todas en cada célula muscular de sus cuerpos, incluido el suelo pélvico.
Me impresiona mucho cuando las pacientes me dicen que no tienen ningún problema en las relaciones con penetración pero cuando se le hace una exploración ginecológica contraen fortísimo la vagina y se le revuelve todo el cuerpo, se retuercen.
Tengo claro que como dice une artista americano Queer: the body remembers. El cuerpo recuerda. La memoria de la violencia de una exploración ginecológica, de una citología hecha sin respeto, puede hacer que los cuerpos hablen, griten tan abiertamente de sus traumas, sin duelo, sin acompañamiento y sin visibilidad ninguna.
La violencia estética hacia las gordas, las demasiado delgadas, las racializadas, las pobres, a la que se añade el edadismo hacia las no madres con 35, las viejas, las menopáusicas es un relato constante en las historias personales de quien ha acudido a revisiones o urgencias.
Los hombres trans tienen dificultad para ser remitidos en la pública y la privada a ginecología y tienen pocos espacios seguros, libres de violencia transfoba a dónde acudir.
¿Cómo podemos educarnos como sanitarios/as? Cómo podemos escuchar el grito de dolor de tantas, tantos, tantes?
Los cuerpos recuerdan. No son quejicas las pacientes y los pacientes que no van nunca más a realizarse una revisión. Están dañadas y rotas a veces, traicionadas en el pacto de cura con los y las sanitarias.
Por último, no podemos olvidar que la mayoría de las pacientes de una consulta ginecológica han sido víctima de violencia machista en algún momento de su vida. Muchas han sido violadas dentro y fuera de sus familias, por sus padres, tíos, hermanos, las prostituidas y las migrantes en sus viajes de la esperanza, las madres, las señoras por sus maridos cuando no hay conciencia de la inderogabilidad del consentimiento, siempre.
En la facultad y la residencia nadie nos ha formado sobre cómo atenderlas, nunca me han hablado de violencia de género. Se habla solo en cursos específicos y en los congresos de la AEEM (La Asociación para el Estudio de la Menopausia), hay esta pequeña esperanza.
Es muy duro, pero no podemos ser cómplices silenciosas. Tenemos que llorar y gritar fuerte, juntas para que en una consulta de ginecología las violencias no sean el relato cotidiano.
Alberta María Fabris



