Juego en la infancia y la importancia del ejercicio de fuerza para tener huesos fuertes

En el parque cuando cuido de mis hijos/as veo que no hay diferencia de género a la hora de trepar una pirámide de cuerdas o utilizar las herramientas para realizar ejercicio de fuerza que están disponibles para quien quiera entrenar y que muchas criaturas utilizan más que los columpios para juegos infantiles.

El juego en la infancia ha cambiado. Yo no era de las niñas que trepaban. Llevábamos ya poco las faldas pero seguramente no tan poco como ahora. Y si se llevan, independientemente del género, ahora se ponen unas mallas para poder trepar libremente, correr o hacer ejercicio de fuerza sin miedo a enseñar la ropa interior.

En el parque, pensaba que estas niñas en la menopausia tendrán menos osteoporosis que sus bisabuelas y abuelas y también que algunas de sus madres que iban a colegios no mixtos y llevaban falda todos los días.

La máxima densidad mineral ósea es la de los 25 años, cuanto y que tipo de ejercicio hayas hecho determina que tus huesos sean más o menos porosos a esa edad, y de allí la densidad va menguando poco a poco.

Más lentamente si seguimos haciendo ejercicio de fuerza e impacto y comemos sano.

¿Qué queremos priorizar en la educación de las nuevas generaciones?

Es muy importante que en los colegios y hasta bachillerato o FP se eduque a hacer ejercicio. Me impresiona pensar en chavalas y chavales sentados durante 7 horas todos los días y que en bachillerato no haya educación física. Evitar el sedentarismo e implementar los ejercicios, la movilización y la agilidad como fuentes de salud física y psíquica deberían ser, junto con una alimentación saludable, una de las cosas que se enseñan a todas las personas.

Si miramos en las actividades extraescolares hoy en día, en las clases de judo o karate no hay diferencia de género, por lo menos en primaria; muchas jóvenes boxean y otras hacen ejercicio de fuerza, levantando pesas en los gimnasios.

Hay grupos de mujeres menopáusicas o climatéricas ejercitando la fuerza, para evitar la osteoporosis o las fracturas debidas a ella.

Tal vez no son solo nuestros cuerpos de mujeres más propensos a desarrollar la osteoporosis después de la menopausia, sino también la manera en que nos han socializado como mujeres; con cuerpos delgados, sin mucha masa muscular, que se relacionaba con la masculinidad o con ser lesbianas, ha hecho su parte en empeorar nuestra salud ósea.

Pienso que, desde la infancia, la educación, la socialización y el deporte con perspectiva de género pueden cambiar a largo plazo los problemas de salud que pensábamos que las mujeres estábamos condenadas a enfrentar por naturaleza.

Alberta Fabris – ginecóloga feminista

 

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