La diabetes es una enfermedad crónica que afecta a millones de personas en todo el mundo. Si bien los aspectos físicos de la diabetes son ampliamente conocidos, a menudo se pasan por alto las consecuencias psicológicas que esta condición puede tener en la vida de quienes la padecen.
Además de los desafíos físicos, la diabetes también puede desencadenar una serie de procesos emocionales que afectan la calidad de vida y el bienestar psicológico de las personas.
Soy psicóloga y tengo diabetes tipo 1 desde los 4 años
En mi vida, he tenido y tengo que enfrentar las dificultades de un control adecuado de los niveles de glucosa. Estas dificultades incluyen, no solo la gran cantidad de variables que hay que manejar: contar los hidratos de carbono, tener en cuenta la actividad física, tu factor de sensibilidad (cantidad de mL de glucosa que disminuye por cada unidad de insulina), tus ratios (cantidad de insulina que necesito en cada tramo horario para cubrir una ración de hidratos de carbono), la grasa del menú, y si es de absorción rápida o lenta, si tengo insulina aún de un bolo anterior, etc. Sino que también incluye los retos emocionales y sus repercusiones psicológicas que todo esto conlleva.
La diabetes implica una serie de demandas y cambios en el estilo de vida, como cambios en la alimentación, seguimiento de medicamentos y monitoreo constante de los niveles de glucosa en sangre.
Estos desafíos diarios pueden generar altos niveles de estrés y ansiedad en las personas que padecemos diabetes. La preocupación constante por el control de la enfermedad, la vergüenza de que me vean en público pinchándome, el miedo a las complicaciones futuras y la carga de tener que tomar decisiones constantes pueden generar un desgaste emocional significativo.
Este desgaste se va produciendo por muchos procesos emocionales, que voy a clasificar en cuatro tipos de emociones que con frecuencia pueden aparecer en relación a la diabetes:
- Miedo
– A tener una hipoglucemia. Porque me incapacita, me da una sensación de fragilidad, incluso he podido desmayarme en alguna ocasión, o he sentido tanta debilidad física que no he podido funcionar con normalidad durante un rato.
– A las consecuencias futuras en mi cuerpo.
– Preocupaciones de muchos tipos: ¿qué pasará si me quedo embarazada?, ¿y si lo transmito genéticamente?, ¿y si viajo solx y me pasa algo?, ¿y si en ese país no me pueden atender si tengo alguna complicación?
- Vergüenza/Culpa
– Ante la posibilidad de pincharme en público o que se vea la bomba de insulina.
– Sentirme insuficiente o incapaz ante el control de los niveles.
– Decirme a mí misma que soy un desastre.
– Exigirme tener un control excesivo y minucioso sin dejarme fallar.
– Sentirme rechazable o menos querible por tener esta enfermedad.
– Criticarme y hacerme sentir inadecuada, defectuosa, diferente, rara…
– Culparme por haber tomado alguna mala decisión, por no haber contado bien raciones, por algún despiste…
– Sentir rechazo hacia mi cuerpo, cicatrices, marcas de parches, sensores… querer ocultarlos.
- Enfado
– Con la vida, el mundo, sentir que no es justo que me haya tocado a mí.
– Con la propia enfermedad, odiar a la diabetes como quién odia a alguien.
– Rabia por lo injusto de vivir condicionada, de sentirse una esclava, querer mandarlo todo a tomar vientos.
– Contra una misma por no estar haciéndolo bien, cayendo en conductas autodestructivas.
- Tristeza/Soledad
– Sentirme incomprendida o sola en este proceso. No tener a nadie con quién compartir mis malestar entorno a la enfermedad.
– El anhelo de la vida anterior sin diabetes, echar de menos esa vida más despreocupada.
– Sentir la pérdida de mayor libertad.
– No escucharme y abandonarme a mí misma.
– Sentir que no hay nadie ahí que me comprenda verdaderamente en todo esto.

Concluyendo
La diabetes no solo tiene un impacto físico en la vida de quienes la padecen, sino que también trae consecuencias psicológicas significativas. No podemos entender la salud sino es de una manera holística. Así, personas con un control excelente, pueden estar sintiendo un estrés elevado fruto de su autoexigencia constante y limitándose planes y actividades por miedo al descontrol. Y otra persona que quizás no tenga tan buenas cifras, pueda estar disfrutando de la vida y acompañándose de forma más amable en el proceso. Debemos ampliar el término de “salud”.
Los altibajos en los niveles de glucosa en sangre son inevitables, y las complicaciones de la salud pueden tener múltiples factores. En este sentido, la identificación de mis procesos emocionales, la autoescucha, la expresión de mis sentimientos, mis necesidades y el trabajo de la compasión y amabilidad hacia una misma, es clave para poder sobrellevar mejor una enfermedad crónica como esta. No se trata sólo de hacerlo bien o mal, sino de cómo me acompaño en el proceso.
Sonsoles Blanco Pimentel – Psicóloga General Sanitaria –



