La evitación emocional

Con frecuencia, en nuestro día a día, podemos buscar estímulos que nos proporcionen placer, disfrute, y eso está bien. Sin embargo, a veces podemos utilizarlo como forma de evitación emocional, como forma de mantener al margen las emociones desagradables que puedan estar por ahí en nuestro interior, y a las que no damos espacio porque creemos que nos van a desestabilizar.

No quiero mirar si va a doler

Podemos intentar distraernos, llenarnos las agendas de actividades, experiencias, o simplemente guardar en una caja con llave todo aquello que podamos intuir que duele. Mirar hacia delante, seguir sin sentir aquello que es molesto, suele ser muchas veces nuestra tendencia. Y es entendible que lo hagamos, a nadie le gusta pasarlo mal, y más si hemos crecido en una sociedad que fomenta la evitación del dolor al primer síntoma. ¿Te duele? Tómate una pastilla.

El dolor señala que algo necesita atención y cuidado

Nos da miedo dolernos porque no está bien visto, lo asociamos a la debilidad y nos asusta dejarnos caer. Se ha podido equiparar el dolor (físico y emocional) a algo insano, algo que está enfermo en nosotros/as. Pero el dolor solo es el indicador de que algo necesita atención y cura. El dolor emocional necesita una mirada amable, un tiempo, un espacio para desplegarse, un lugar en el cuerpo y una escucha empática en nuestro interior. Igual que no ponemos solo vendas sobre una herida, sino que primero se desinfecta, se raspa si supura, se le echa alcohol… tampoco deberíamos poner solo vendas a nuestro corazón. El proceso de sanación, puede ser doloroso, puede escocer, pero sin lugar a dudas merece la pena. Si a una herida abierta le vamos poniendo capas y capas de gasas y vendas, solo lograremos que se infecte más o que nos impida movernos con libertad.

Bloqueo y auto-interrupción emocional

La experiencia de sentirse anestesiado/a, embotado/a, acartonado/a ante la vida, puede ser incluso más frustrante que estar en contacto con las emociones, aunque éstas puedan ser dolorosas. Vivir con ese bloqueo, te deja en una sensación muy plana, con poca energía, sin dirección en la vida y sin saber qué necesitas… porque son precisamente las emociones las que funcionan como brújula interna para indicarnos lo que es importante para nosotros/as y lo que necesitamos.

¿La buena noticia? Es que es la propia persona la que está haciendo algo para interrumpir la emoción (aunque el motivo tenga una historia y un contexto). La persona es un agente activo en ese proceso. Sin ser del todo consciente, puede que contraigas alguna parte de cuerpo, o la pongas rígida… aprietas el abdomen, los puños, tensas tus hombros, estrujas tu garganta, miras hacia otro lado (actividades, trabajo…). Por lo que, esa parte de ti que frena, tapa, bloquea, o hace que tragues las lágrimas, puede actuar de forma distinta si lo permitimos, o lo trabajamos.

Por dónde empiezo…

El problema es que no siempre es fácil permitirse sentir lo que duele, y más si sientes que nadie va a estar ahí para escucharlo o sostenerlo. Quizás, podamos empezar tan solo con acompañarlo internamente, saludarlo y hacerle saber a ese “algo” en tu interior (algo triste, enfadado, avergonzado, asustado…) que lo ves, que lo escuchas y que estás ahí con él.

Sonsoles, psicóloga

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