3,2,1… ¿Qué pensáis cuando escucháis la palabra menopausia?
El 99% de las personas responden sofocos, para luego hablar de sequedad vaginal ¡pero si ya hay unos lubricantes buenísimos! Ya, pero la libido desaparece, se esfuma por arte de magia» se escucha… Cuando las mujeres hablan de manera personal sobre esa etapa de la vida, los testimonios son tan diversos como personas hay en este mundo.
“¿Sexo? Pero si yo ya llevo 10 años con la menopausia, eso ha pasado a la historia”.
“¿Mis hijos? Ahora tengo nietos, que los quiero mucho, pero yo ya estoy cansada para estos trotes”.
“No, no he tenido. Bueno, sí. No sé. He tenido varios abortos, pero no, no tengo hijos. A veces me pregunto si quizá no me sentiría tan sola, pero creo que he podido sobrevivir gracias a no tener esa responsabilidad”
“¿Pareja? Siendo honesta me gustaría, pero no esas relaciones de vivir juntos y compartirlo todo. Mi casa es muy pequeña y es muy difícil que entre alguien. Adoro tener mi propio espacio, aunque una compañía para conversar, ir al cine y poder contar con alguien claro que me gustaría”.
“Lo bueno de hacerte mayor es que ya me da igual todo. Con lo que he vivido…me va a importar a mi lo que piensen porque estoy con una mujer. Mucho he tardado en pasármelo tan bien como ahora”.
Por lo que comentan las mujeres de mi vida, las que acompaño en mi consulta, mis amigas, mi familia, parece que hay vida más allá de los sofocos y la ausencia de sexo.
A estas alturas ya no es una revelación que, cuando los síntomas son para la salud de las mujeres, la historia (ejem, los hombres) se han encargado de patologizarlo todo, sobre todo lo que no conviene a la sociedad del momento. Y cuando hablamos de historia tenemos que mencionar que el capitalismo, el gran aliado del patriarcado, lo ha rematado en el mundo de las farmacéuticas.
Por tanto, ¿qué nos pasa a las mujeres con la menopausia?
Estamos hablando de una etapa en la que el cuerpo de las mujeres deja de ser “útil” para la sociedad, por lo que cualquier interpretación de esos síntomas serán patologizados, algo a lo que las mujeres estamos abocadas, que no podemos controlar desde la voluntad, que será muy caro regularnos y sobre todo que tendremos que dominar para, de nuevo, dejar de ser incómodas.
A golpe de Wikipedia, nos llega esta definición del estado de ánimo “El estado de ánimo es una actitud o disposición en la vida emocional. No es una situación emocional transitoria. Es un estado, una forma de permanecer, de estar, cuya duración es prolongada y destaca sobre el resto del mundo psíquico”.
La mayor dificultad ha radicado en la idea de justificar los cambios naturales en la vida de las mujeres en síntomas. Esto es peligroso porque deshumaniza y colectiviza a las mujeres desde la patología, en lugar de quedarnos, de estar y permanecer en el lugar que corresponde a esta etapa vital, que ha llegado para quedarse y que permanece a nuestro lado el 30% de nuestra vida.
La realidad es que las mujeres somos cada vez más diversas, gozamos de más libertad por lo que la interpretación de lo que nos sucede acaba siendo más propia o personal. La dificultad recae en que la menstruación o no menstruación, los fluidos, nuestras vulvas y vaginas, son tan tabú, tan invisibles que acaban convirtiéndose en lugares comunes los mitos y falacias sobre nuestra salud.
Una mirada feminista
Sin embargo, si devolvemos esa mirada haciendo un análisis desde una perspectiva feminista, podemos observar cómo, bajo esos síntomas, ha habido refugios en los que las mujeres hemos podido librarnos de prácticas poco placenteras como las relaciones sexuales con nuestros cuerpos, pero sin nosotras.
Por otra parte, también hay historias de violencia en las que nuestros cuerpos han tenido que seguir a disposición de los demás a pesar de que el ritmo, la energía o la voluntad no acompañasen. Es el caso de las abuelas que han tenido que responsabilizarse de los cuidados mientras el resto de nuestro sistema productivista produce.
Hay un gran abanico de documentación hablando sobre las dificultades y complejidades de la menopausia, por eso me gustaría ceñirme al reverso de la historia.
Resignificando los síntomas
Cómo será tu vida durante la menopausia no será una sorpresa, lo que más predice una conducta futura es la pasada, y de repente no te convertirás en otra persona completamente diferente. Eres tú encontrándote con una nueva etapa vital que, en el mejor de los casos, ya venías cuidando con algo de ejercicio y buena compañía desde hace un tiempo.
Proponemos algunas alternativas a algunos de los mitos imperantes sobre la menopausia:
- La sabiduría frente al mito de la belleza: en esta etapa vital ya no acompañan los valores de juventud y delgadez que asfixian a las mujeres, en esta etapa, nos liberamos del mito de la belleza y del valor que esta tiene para disfrutar del valor de la sabiduría, del tiempo, del autoconocimiento. Probablemente tengas muy claro lo que no quieres, y lo que no suma, resta.
Haz una lista de lo que realmente te gusta, de lo que realmente disfrutas y te genera placer. Con el paso de los años has podido conocerte. Dedícate a ello siempre que encuentres la oportunidad y que sea tu faro.
- La intimidad frente al mito de la libido sexual: frente a la idea de que la libido nos abandona, probablemente lo que hemos abandonado hayan sido relaciones sexuales poco estimulantes y cuidadosas. Si tienes una pareja sexual con la que practicar el buen trato, pero el cuerpo necesita un enfoque diferente a las relaciones hegemónicas, buscad un espacio para la intimidad, donde dejar a un lado la genitalidad, el coito centrismo y que acompañe la piel, la mirada, un ambiente cálido y el tiempo. Erotizar la ternura es sexy.
Petra Martínez anunciaba al ser galardonada en los premios Feroz que acaba de descubrir el placer de la masturbación a sus 70 años y que ahora lo practicaba 3 veces al día. Animaba así a todas las mujeres a estimularse, con la misma naturalidad y desparpajo con el que este hecho nos tendría que atravesar a todas.
Si has llegado hasta aquí sin masturbarte, sin duda, busca ese espacio de intimidad y calidez contigo misma y comienza por recorrer tu piel, y dejarte llevar por el cuerpo hasta donde te apetezca.
- La comunidad frente al mito de la maternidad: puedes tener hijos o hijas o hijes, o no. Estos pueden caerte bien o no tan bien. Lo que está claro es que cualquier margen que se salga de lo establecido implica incomodidad. Aquí la diversidad es de lo más explícita.
Algunas, no sin antes reconocer que quieren honestamente a su descendencia, se atreven también a reconocer que sabiendo lo que saben ahora, quizá no los tendrían, porque han sido una carga, sí, una vida de cuidado y renuncia sin reconocimiento.
“Madres Arrepentidas” de Orna Donath ha destapado esta controversia, un best-seller que sin duda las mujeres necesitábamos para permitirnos reconocer los oscuros recovecos de la maternidad y del sistema.
Por otra parte, algunas vidas no han podido tener esas hijas e hijos que, llegada esa etapa de reflexión, nos hace creer que quizá, nos sentiríamos más acompañadas, que los malestares de la vida serían menos, o más livianos, si existiese el hije soñado.
Cada vez más, se habla de generar comunidades más allá de la familia nuclear o familia de origen. Ahora, las amigas son familia. Las violencias que se han sostenido dentro del sistema familiar se sustituyen por espacios colectivos de buen trato.
Hay algunos ejemplos de cómo mujeres con diferentes situaciones vitales han conseguido vivir de manera colectiva e interdependiente, como es el caso de New Ground, el modelo de cohousing para mujeres mayores ubicado en el norte de Londres, de la fundación Older Women Cohousing (OWCH). También en España hay algunos ejemplos, como la residencia Santa Clara, sueño hecho realidad de unas amigas que decidieron juntarse en su vejez, o Trabensol, en Torremocha del Jarama, proyecto pionero en 2013.
Hablarlo y visibilizarlo genera referentes. Y si hay referentes, no estamos solas, tenemos una comunidad, un espacio al que pertenecer y fuerza, siempre ha habido fuerza, y que la palabra mujer resurja con la fuerza, no con la violencia.
Adriana F. Caamaño, psicóloga, sexóloga y activista feminista



