Marta nos cuenta lo que puede suponer para nuestro cuerpo y mente experienciar situaciones «sin nombrar» y experienciarlarlas siendo más conscientes de ellas, es lo que ella llama «poner nombre».
Hay momentos en nuestra vida donde vivimos situaciones de dolor o violencia, también de de disfrute o de sanación. Nuestro cuerpo en su conjunto es el primer receptor de estas experiencias. En ocasiones nombramos estas experiencias, otros momentos preferimos vivirlas más allá de nombrarlas en palabras o en cualquier otro tipo de simbolización, según cuál sea nuestra necesidad en ese momento.
En ocasiones acumulamos ciclos de experiencias sin que la palabra nombrada o cualquier otro tipo de simbolización de la experiencia en primera persona atraviese o encuadre aquello vivido. A veces, tras algunos episodios, nuestro cuerpo se puede sentir abrumado o con dificultad para dar significado a aquello que ha vivido, y esto genera sensación de colapso/abrume.
La palabra, “poner nombre” o simbolizar con otro tipo de lenguaje nos ayuda a generar una relación entre aquello que hemos vivido y nosotras mismas. A veces no nos resulta fácil poner nombre, ya que eso implica dar una categoría de que aquello ha ocurrido, y no siempre nos sentimos fuertes para sostener dicha experiencia. No obstante, cuando notamos que nuestro cuerpo se siente algo acompañado y seguro, puede nombrar eso que ha atravesado, darle un significado y ubicarlo en su mapa de vivencias, generando en ese mapa también una sensación de nosotras mismas en su conjunto como vividora de aquello que ha ocurrido, más allá del suceso o la experiencia concreta.
Profundizando sobre el proceso
En este sentido, en relación a los procesos de resiliencia o de reparación, “poner nombre” supone un puente hacia sensaciones de mayor liberación o agencia sobre el presente y cómo abordar aquello que sentimos o necesitamos. Dando nombre o simbolizando generamos un espacio de seguridad entre eso que ha ocurrido y el resto de nuestro cuerpo y persona que puede procesarlo, digerirlo o descansarlo, según sea la necesidad que aparece tras nombrar aquello que ha acontecido o que nos ha pasado.
Cómo
Este “poner nombre” puede darse en diferentes contextos o escenarios. Podemos hacerlo nosotras mismas tras un rato de respiración y escritura en un cuaderno de intimidad o diario, dibujando o componiendo una canción. También este “poner nombre” puede surgir en una conversación con alguna persona de nuestra red con quien tenemos una intimidad segura. A su vez, es un proceso que también se vivencia en terapia, donde narro, simbolizo, comparto, y atravieso aquello que he vivido o que mi cuerpo alberga en el presente de la sesión.
Por una misma
“Poner nombre” es un acto de amor propio donde hago a mi cuerpo alguien capaz de dar espacio a lo que ha acontecido y transformarlo en una experiencia de aprendizaje, de la vida en sí y de mí misma viviéndola. No es algo que nos enseñen en muchos lugares, ya que son más comunes estilos de procesamiento evitativo de aquellas experiencias doloras que nos atraviesan, y muchxs nos animan a “soltar y pasar página”.
Es cierto que hay ocasiones en las que tras vivir una experiencia dolorsa necesitamos actividades que recarguen pilas y compensen el tiempo de dolor atravesado, pero tras un tiempo de descanso y de recomposición, poder nombrar lo que ocurrió y lo que generó en mí algo vivido, permite encuadrarlo, darle un tiempo y espacio, para luego seguir abiertas a lo que se acontece de manera presente en nuestro cotidiano, habiendo vaciado de alguna manera la mochila de experiencias, que sin ser nombradas y reconocidas pueden transformarse en una tela o velo demasiado grueso como para poder mirar al presente con energía suficiente para interaccionar con la realidad de manera ligera y fresca.
Puede practicarse para digerir experiencias desagradables o dolorosas. También es algo practicable para aquellas experiencias recargantes, amables, cariñosas, empoderantes. Dar nombre, sellar, encuadrar y desde ahí seguir abierta, consciente y libre para el presente.
No es tarea fácil, no nos enseñan a ello en muchos lugares, pero a medida que te abres a ello, el cuerpo se nutre de esta práctica y te pide hacerlo en más ocasiones.
Resumen
¿Cómo puedo poner nombre?
Sola:
- Escribiendo
- Pintando
- Simbolizando con cualquier tipo de lenguaje
Acompañada:
- Conversación con alguien que te deje ser
- Terapia
- Espacio colectivo donde se pueda nombrar o simbolizar experiencias vividas
¿Qué potenciales tiene el poner nombre?
- Encuadrar
- Generar una distancia de seguridad entre aquello vivido y el resto de ti
- Dar espacio al presente tras digerir el pasado.



