Por los pelos

Hace unos meses me crucé con un cartel que decía “tener pelo es lo más natural”. De primeras, pensé que vaya tontería, pues claro que es lo más natural, pero después me planteé la cantidad de veces que te condiciona la depilación para ir a un evento, a una consulta médica o porque es verano y se ven más.

A estas alturas, muchas somos conscientes de que la depilación es una moda, un constructo social, que nos presiona más a las que nos hemos socializado como mujeres. Por supuesto, creo que cada una/une debemos tener vía libre para depilarnos cuando queramos y lo que queramos. Pero, a pesar de ser conscientes de todo esto, todavía nos desagrada vernos y que nos vean con pelos en el cuerpo.

La cantidad de dinero y tiempo que perdemos en las diferentes formas de depilación es difícil de cuantificar, pero más difícil aún es cuantificar los quebraderos de cabeza, las dudas a la hora de elegir una ropa u otra en función del pelo que dejamos ver o los momentos en los que está permitido o no ir más o menos depilada de lo “normal”.

Como profesional de salud especializada en la salud pelviperineal, no pasa la semana en la que alguien se disculpa por no venir depilada a consulta. ¡Si las axilas o las piernas ya suelen ser motivo de vergüenza, el pubis y el periné ni te cuento!

Tener pelo no solo es natural, sino que es sano. El pelo protege de números agentes externos: del frío y del calor, de los rayos UV, del polvo, del sudor, de pequeñas partículas que hay en el ambiente. Además, ayuda al sistema inmunológico a detectar patógenos, mantiene la piel hidratada y actúa como receptor sensible al tacto.

Es por todo esto, que las depilaciones permanentes pueden condicionar nuestra salud, sobre todo en casos de enfermedades de la piel o autoinmunes.

En el caso concreto de la zona genital, el pelo ayuda como termorregulador (muy importante en el mantenimiento de la flora vaginal o en la producción de espermatozoides), sirve de barrera protectora ante virus y bacterias (incluidas las de transmisión sexual) y también es un amortiguador de rozaduras y fricciones (ya sea de la ropa o durante las relaciones sexuales).

Desde las profesiones sanitarias, no se debería promover la depilación, ni depilar pacientes sin su consentimiento. Parece absurdo tener que decir esto, parece que los pelos no formen parte de nuestro cuerpo, pero es que esta situación se da a menudo a lo largo de nuestras vidas. Nuestras consultas deberían ser siempre un lugar seguro, en el sentido más amplio del término. No debemos olvidarnos que muchas veces la mirada clínica está marcada por los mandatos sociales (patriarcales y capitalistas), así que es importante que nos revisemos en este aspecto.

Como cualquier modificación corporal, la depilación, siempre que sea hecha desde el conocimiento de sus consecuencias y desde la libertad de cada une con su cuerpo, bien está. Pero no deja de entristecerme y enrabietarme a partes iguales, que sigamos avergonzándonos por no ir perfectamente depiladas en todo momento, incluso que dejemos de realizar planes que nos apetecen por cómo se vean nuestros pelos.

Depílate o no te depiles cuando te dé la gana, no tienes que rendirle cuentas a nadie, ni a tu amante, ni a tu médico ni a tu tía la del pueblo a la que solo ves en las bodas familiares.

Y sobre todo: ¡No pidas perdón por no ir depilada!

Clara López-Mingo

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