Redes o relaciones recíprocas

¿Qué son las redes o relaciones recíprocas?

Las redes o relaciones recíprocas son amistades donde somos y dejamos ser a las demás. Compañeras de trabajo que valoran tu labor y tú también agradeces y valoras la suya. Parejas sexoafectivas que están abiertas a saber quién eres tú y tú te abres a saber y conocer también quién es la otra persona. Hermanas o hermanos con los que das y recibes.

Esta es la experiencia de la reciprocidad, que genera una sensación interna de intercambio, equilibrio, interdependencia, donde el espacio que ocupamos y el que dejamos que sea la otra persona se nota ajustado, y genera bienestar y libertad en ambas partes. No siempre ha de ser un intercambio del 50%, pero el fluir de la relación, de la red que conformas genera una experiencia de poderte mostrar, poderte abrir a la otra persona, al tiempo que dejas a la otra ser y aportar. Podéis también compartir intereses comunes que confluyen y suman dentro y fuera de la relación o red. ¡Qué poder tienen estas redes y cómo de vitales se vuelven para seguir cultivando el proceso de bienestar y seguridad dentro de una misma!

Son redes donde no lidera la competición sino la colaboración/la cooperación, son redes donde tu alegría se celebra, porque no es envidiada por otras personas, sino valorada y disfrutada también por las demás, porque habla de tu libertad y de tu disfrute presente.

Son redes donde mostrarte frágil o vulnerable resulta posible y seguro, donde hay espacio para el “no poder”, para el “pedir ayuda”, para el reconocer incluso a veces malestares comunes que van más allá de la experiencia individual de una, sino que hay capacidad de nombrar dolores sistémicos o trasversales a contextos de los que formamos parte.
Son redes donde mostrarte rabiosa o enfadada también es celebrado y apoyado, porque nos ven marcando límites o alejándonos de aquello que nos resulta dañino.
Son redes o relaciones donde no siento que pierdo, sino donde ejercito mi responsabilidad de lo que a mí me compete, al mismo tiempo que siento que tengo un hombro donde sostenerme cuando algo se me hace bola o difícil. Donde es posible buscar, dudar y también afirmarse.

¿Qué tienen que decir en el contexto social que habitamos?

Las redes recíprocas son la respuesta ante un contexto social que muchas veces promueve el individualismo, la competición, la sensación de soledad asumida y autonomía absoluta/dependencia absoluta como condición vital. Las redes recíprocas hablan de una alternativa de organización social, que ocupan desde lo doméstico o íntimo hasta otros espacios más públicos o políticos.

Estas redes se van forjando cuando nos abrimos a recibir, y no sólo a dar. Donde nos sentimos capaces de dar y no sólo de recibir. Por los mandatos heredados y los mensajes que nos rodean parece que debemos ajustar nuestra presencia a un casi continuo dar, a un casi continuo producir, en solitario. También hay ocasiones donde nos invaden o encapsulan roles donde parece que sólo podemos recibir porque no tenemos nada que aportar.
Esta estructura de funcionamiento social muchas veces acaba influyendo en nuestra forma de organización y comportamiento social. Se nos olvida y nos duele incluso recibir, nos avergonzamos también cuando alguien nos hace llegar un cumplido, una palabra de afecto, una invitación a algo colectivo donde se nos incluye. Parece que reproducimos ese esquema de dar-dar-dar en la dinámica relacional, y se difumina la lógica del dar-recibir, que tanto nos nutre, tanto nos empodera, tanto teje y resuelve en momentos de fragilidad y en momentos de celebración. A veces también caemos en el continuo recibir-recibir-recibir, asumiendo lógicas jerarquizadas, donde es adquirido un rol más bien sumiso, donde la capacidad de aportar, opinar o construir por ti misma se ve menguado o difuminado.

¿Qué nos puede ayudar a construir y mantener redes recíprocas?

  1. Reconocer aquellas relaciones o entornos donde participo y ya se da esta lógica de dar-recibir.
  2. Celebrarlas, abrirse a reconocerlas, incluso compartidamente.
  3. Detectar aquellas relaciones que se basan primordialmente en el dar por tu parte, y donde no detecto o experiencio un intercambio, un confluir, un aportar fluido entre la otra persona y yo, entre el colectivo o grupo del que se trate y yo.
  4. Detectar aquellas relaciones que se basan primordialmente en el recibir o asumir lo que propone el grupo o la otra persona, donde ocupo un rol más bien sumiso y donde mi voz/opinión/deseo no es tan escuchado o interesante.
  5. Poner límites a aquellas personas o grupos que no sepan funcionar desde lo recíproco conmigo.
  6. Cuando reciba de alguien algo agradable y placentero, notar qué impacto tiene en mí y si surge una capa de vergüenza o sensación de no merecer algo así (muy común) atravesarla para dejar entrar poco a poco aquello que tú das tantas veces, y desde ahí ir alimentando esa relación de dar-recibir

¿Cómo pongo esos límites?

  • Notar el impulso de DAR directamente (que lo llevo aprendido en la mochila) y en ese momento preguntarte ¿Realmente me sienta bien DAR aquí? ¿Quiero hacerlo esta vez?
  • Notar el impulso de RECIBIR (que se da cuando lo otro domina la escena y no hay prácticamente espacio para mostrarse). ¿Cómo me siento? ¿Qué impacto tiene eso en mi cuerpo? ¿Hay algo de mí que quiera mostrarse?

¿Qué potenciales ofrecen las redes/relaciones recíprocas? ¿Qué permiten?

No nos resulta fácil, pero es realmente placentero y empoderante el sentirte rodeada de compañeras, amigas, personas en sus diferentes roles, que están dispuestas a dejarte ser y aportar en lo que juntas construís.

Manos y cuerpo a la obra. A dar espacio a lo que es recíproco e ir soltando aquello que se vuelve desequilibrado, poco seguro y poco nutritivo a nivel emocional y social.

Está en nuestras manos el tejer redes más seguras, donde sostenemos y nos sentimos sostenidas, donde aportamos y nos aportan, donde somos y dejamos ser.

Estamos preparadas

Es hora de ir abandonando o soltando patrones viejos, heredados, aprendidos, desde la lógica del sacrificio y del aguantar. Es hora de reconocer y dar espacio a lo que nos da un respiro, lo que nos permite construir junto a otras personas, donde sentirnos parte y pertenecientes, donde sentirnos agentes/participantes junto a otras personas que también tienen y quieren aportar.
Duele reconocer lo que duele, lo que quita energía, pero eso mismo da paso al dar-recibir, y es realmente sanador, dignificante y liberador.
No se trata de un equilibrio perfecto, diría que no existe. Sino de la sensación global del intercambio, donde priorice el derecho a ser y la experiencia de estar abiertas a lo que tiene que aportar la otra persona o el grupo/colectivo donde participo.

Redes o relaciones recíprocas, una experiencia que muchas ya sentimos y que nos ha dado fuerza y sostén para construir lo que ya habitamos. ¡Sigamos por ese camino! En los baches o retrocesos podemos servirnos de ellas para seguir buscando una manera de estar más sostenible, disfrutada y creativa.

 

Esperamos que te sean útiles esta serie de artículos de nuestra compañera Marta.

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