“Se desgarra con la primera penetración”, “durante la primera relación sexual causa un sangrado”, “la presencia del himen es garantía de virginidad”: quien lo dice, no sabe de qué está hablando por Giulia Siviero periodista il post
«El himen se desgarra con la primera penetración”, “el himen causa un sangrado durante la primera relación sexual”, “la presencia del himen es garantía de virginidad”: son solo algunas de las falsas creencias que circulan en torno a esta parte del cuerpo femenino sobre la cual (también desde el punto de vista anatómico) muchísimas mujeres y muchísimos hombres tienen ideas bastante vagas. Saber cómo está hecho un himen no solo es importante en sí mismo, sino que desmonta una serie de lugares comunes que han reprimido o pretendido controlar la sexualidad femenina durante siglos.
Así está hecho el himen
La palabra “himen” deriva del griego hymén, que significa “piel, membrana”, pero que también es el nombre del dios que en la mitología grecorromana presidía las bodas.
El himen es una membrana que rodea o cubre en parte la abertura externa de la vagina y que “separa” el vestíbulo vaginal (el espacio comprendido entre los labios menores) de la vagina misma. No parece tener una función fisiológica específica, no se encuentra en profundidad y se presenta como una especie de pliegue, revestido en el interior por un epitelio similar al vaginal y en el exterior por una fina epidermis: entre estas dos capas se encuentra un tejido rico en fibras elásticas, vasos y terminaciones nerviosas.

El himen, como cualquier otra parte del cuerpo, cambia con el tiempo (normalmente se atrofia con la edad) y puede tener consistencias y formas diferentes de una mujer a otra: puede incluso no existir, puede ser más o menos elástico y más o menos grueso, puede ser rosado o blanquecino, puede ser semilunar, anular, bilabiado, puede presentar uno o más orificios o no presentar ninguno. Cuando el himen cubre toda la abertura vaginal puede convertirse en un problema, que se resuelve con una pequeña intervención que permita al flujo menstrual salir.
Del himen a la “corona vaginal”
En 2009, RFSU, una asociación sueca dedicada a la educación sexual, propuso abandonar la palabra “himen” en favor de “corona vaginal”, porque el término “himen” coincide ya con un concepto infundado que lo considera como una especie de barrera a la penetración. La propuesta de la asociación fue acogida por el Språkrådet, el Instituto Sueco para la salvaguarda y el estudio de la lengua, y por tanto la expresión “corona vaginal” —que ayuda a derribar una serie de mitos en torno a esa parte del cuerpo femenino— se convirtió oficialmente en parte de la lengua sueca.
Una operación lingüística similar se llevó a cabo en Noruega en 2017, cuando el diccionario más importante del país, tras algunas discusiones con médicos, matronas y feministas, decidió sustituir la palabra “himen” por “guirnalda vaginal”.
El himen y la primera vez
Dado que el himen no es una membrana que tapone la vagina, tampoco es algo que pueda romperse la primera vez que la vagina es penetrada. El himen es precisamente una corona, un pliegue de tejidos que en la mayoría de los casos presenta al menos una abertura. No puede, por tanto, ser rasgado ni por un pene, ni por un tampón, ni por un dedo, ni por ninguna otra cosa.
Al intentar introducir algo en la vagina pueden producirse pequeñas laceraciones del tejido, pero la membrana —por su forma o por su gran elasticidad— puede no mostrar rastro alguno de ello. La penetración puede ser, en definitiva, del todo irrelevante. Lo que puede variar con una penetración regular es la mayor flexibilidad del himen, pero el himen no deja de existir ni desaparece después de la primera penetración. Tampoco está demostrado que el himen pueda modificarse o romperse haciendo deporte o montando a caballo (otro lugar común), porque no es una membrana tan frágil que estalle como un globo. Diversos estudios han demostrado, finalmente, que las lesiones del himen (que también pueden ser causadas por un parto) cicatrizan rápidamente, sin dejar rastro.
La primera vez que el himen se ve estimulado para dejar pasar un pene (o cualquier otra cosa) puede provocar un sangrado, pero son muy pocas las mujeres que sangran y esto se debe a la rigidez de la corona vaginal o a su forma. La primera vez, además, que el himen se estimula puede resultar dolorosa, pero generalmente la fuente principal del dolor no tiene que ver con el himen. La mayoría de las veces las lesiones causan solo un leve escozor, y el dolor tiene que ver con la poca lubricación. El dolor que se puede sentir durante la primera relación penetrativa puede estar relacionado con la contracción de los músculos de la vagina, debido a la tensión.
¿Para qué sirve saber cómo está hecho?
Saber cómo está hecho un himen desmonta una serie de lugares comunes que han reprimido y pretendido controlar la sexualidad femenina durante siglos: ante todo, el de la virginidad, ligado a la concepción del himen como una especie de “sello de garantía”. Al hablar de himen, de hecho, los diccionarios o manuales suelen vincular su descripción anatómica con la cuestión de la virginidad, que sin embargo no tiene mucho que ver con la medicina o con la anatomía y que, más bien, es una construcción social y cultural. Wikipedia indica que «la vagina de una mujer virgen no puede ser penetrada sin atravesar el himen»; la enciclopedia Treccani escribe que el himen «está intacto en la mujer virgen»; y en uno de los tratados de anatomía más difundidos en las facultades de medicina en Italia, el llamado “Balboni” (por el apellido de uno de sus autores), se dice que el orificio vaginal «en las mujeres vírgenes está estrechado por el himen».
También en el sentido común, y desde la antigüedad, el himen ha sido asociado con la virginidad y, en consecuencia, automáticamente, con la pureza o la inocencia de una mujer: y ha sido utilizado para reprimir, controlar, juzgar y humillar a las mujeres a lo largo de la historia, para perpetuar mitos y prejuicios sobre su sexualidad y para mantener firmes las estructuras del patriarcado. Basta pensar en las pruebas de virginidad que todavía hoy se practican en algunos países, para comprobar con dos dedos que el himen de una mujer —y, por tanto, su moralidad o su reputación— está intacto. O basta pensar en la costumbre, extendida hasta hace algunas décadas incluso en Italia, de exhibir en la ventana la sábana de la primera noche de bodas para mostrar, con la mancha de sangre, la virginidad prenupcial de una mujer y, por tanto, su “virtud”.
Si queremos quedarnos por un momento dentro del círculo paradójico y sexista del binomio himen-virginidad, puede afirmarse con certeza que el estado del himen no es, en ningún caso, un factor concluyente del estado de virginidad. La virginidad, además, es un concepto construido social y culturalmente: no es medible ni verificable a nivel anatómico observando los órganos sexuales. Por tanto, es imposible saber si una mujer ha sido penetrada o no mirando su himen.
Cabe señalar también que la llamada “pérdida de la virginidad” ha estado y está aún ligada a la idea de una relación vaginal penetrativa y heteronormada (un hombre que penetra a una mujer, la mujer que “pierde” o “concede” algo). Pero existen también otras prácticas sexuales; no todas presuponen la presencia de otra persona y no todas implican prácticas vaginales; y, en general, nadie debería ser definido por su historia sexual, que de todos modos no puede ser contada por el himen.
Artículo publicado originalmente en el periódico italiano il post y traducido al castellano por Alberta Fabris



