Un parto natural

Un parto natural

Alberta nos relata un parto natural reciente que ha vivido como una experiencia muy bonita.

Es el primer embarazo de J. Nos conocemos en la consulta, llevamos la misma mochila y reconozco un collar de Andrés Gallardo. Va siempre elegante y orgullosa con su barriga. Descubriré después que el amor por las cosas bonitas y elegantes es algo que compartimos, acostumbradas a tener arquitectos en la familia.

En la prueba del azúcar le diagnostican diabetes gestacional. Le aconsejo que vaya a consulta con Elena, nuestra nutricionista, pero no obstante la dieta, le tienen que pautar insulina. Sigue con su sonrisa pero sabemos que esto podrá condicionar su parto. Las guías dicen que no puede parir más allá de las 39/40 semanas. Para una Paciente que nos ha elegido, que quiere un parto respetado, poco medicalizado, acompañada por Tania nuestra fisio obstetra, esto parece un obstáculo no controlable. Y a J. como a cualquier mujer, futura madre, le gustaría que todo fuera “normal”.

El embarazo va bien, las ecografías nos dicen que el bebé no se está enterando de la diabetes materna. Nos acercamos al término. Intentamos estimular el inicio del parto con la acupuntura y el Hamilton pero nos encontramos con la dificultad de aceptar una inducción. No es fácil. Los hijos y las hijas vienen para cambiarnos y enseñarnos. Y J. tiene que aceptar que el inicio del parto no lo va controlar ella, sino la medicina. Con el Propess, la prostaglandina, durante todo el día el cuello del útero se va preparando. Por la noche rompe la bolsa e inicia el trabajo de parto, ella, sola.

J. espera a su bebé elegante como siempre, en su kimono azul. Con las contracciones, el sostén de su pareja y de Inés, la matrona, las manos calientes de Tania que le dan alivio, se le ve maravillosa en la plenitud de su fuerza. Ya no hay control médico. Es la mujer, la madre, la mamífera que se mueve, que busca la manera para parir a su bebé. Como dice Ina May Gaskin,

«Si una mujer que pare no parece una diosa, alguien le está maltratando»

J. parece una diosa. No obstante la inducción, este es un parto natural. Ella puede. Dilata rápido. Empuja contra nosotras unas diez veces y T. viene al mundo en el calor y la luz tenue de la habitación naranja.
J. nos mira risueña, su cara vuelve a ser la de siempre y nos dice: “no ha sido tan difícil!”. Nos reímos.

La magia de la oxitocina.

Qué privilegio es acompañar y estar en estos nacimientos. Gracias infinitas a J. por dejarnos compartir la experiencia.

Este es un ejemplo de cómo trabajamos de forma interdisciplinar en Zentro Empatía. Cada profesional, desde su disciplina, intenta aportar sus conocimientos, y de forma coordinada, compartimos información y nos organizamos para que nuestras pacientes tengan la mejor atención posible.

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